
PAMUK
(MC, BEATMAKER)
Pamuk no es solo un rapero de Medellín. Lo de él viene de una obsesión bien intensa con la música que lo ha llevado a explorar de todo: metal, punk, bedroom pop, new wave, salsa, tango, funk, disco… hasta que el camino lo fue llevando al rap. Pero no cualquier rap: el rap de acá, el local, el que suena a calle y a parche. Entró por la puerta que abrieron referentes como Bopscat y Al Baro, que lo inspiraron a escribir y producir, y también se dejó contagiar fuerte por artistas de la movida española como Ciclo, Guerrita, Eric Hervé y la vibra de Ruanda Records.
Lo de Pamuk es hablar sin pelos en la lengua. Sus letras son viscerales, burlonas, a veces crudas, a veces hasta cómicas. Cuenta su vida como es: el centro de Medellín, el montallantas del papá, la moda con la mamá, los viajes, el enredo con el amor, la plata y esa paz esquiva de la adultez. Su propuesta no es la típica: mezcla sinceridad con ironía y un amor enfermo por el sonido y su historia. Pero no todo es micrófono. Pamuk también tiene otra cara: Cucarachita Nadie, su faceta de beatmaker. Ahí se vuelve más callado, más introspectivo, y se sumerge en loops, samples y atmósferas con intros largos, casi de película. Los beats suenan raros, clásicos, frescos… pero sobre todo suyos. Junto a su equipo —Sombrero Sam, Rubiela y Fat Ugly Kid— viene creando todo un universo visual y sonoro que le da vida al mundo de Pamuk.
Aunque empezó a rapear en 2019 y a producir en 2020, fue en 2023 que se lo tomó en serio y encontró su sonido, su estética y su voz. En tarima, lo da todo: sudor, humor, entrega. Cada show es como un ritual donde se conecta sin filtros, como si tuviera que vaciarse por completo. Pamuk, Cucarachita Nadie o el niño gordo y feo, no es solo un nombre raro: es un universo en sí mismo. Irreverente, sensible y con una obsesión brutal por la música.

